lunes, 28 de abril de 2008

Del tráfico de mujeres, marzo 25, 2005

Antes de escribir este comentario, estuve leyendo diversos artículos sobre el tema de la esclavitud en el siglo XXI; especialmente la que afecta a la mujer. Alguno de los trabajos se habían  publicado hace ya dos o tres años. Releyendo, pues, esos antiguos artículos te das cuenta que el problema viene de lejos y que crece en lugar de disminuir. Unicef y Naciones Unidas dan datos estadísticos concretos, así como sugerencias de actuación que siguen cayendo en saco roto.

No sé por qué esta situación no despierta mayor indignación y protesta del ciudadano común. Acaso sería más adecuado decir por qué no hay  muestras de  rechazo ante la inmoralidad y villanía que se está cometiendo con seres con los cuales nos podemos cruzar, ver, o hasta oir sus historias personales.Yo he visto alguna de ellas, en invierno como en verano, colocadas en algún cruce de carretera transitada . Los rasgos exóticos de algunas, evidenciaban su extranjería. Esto me hace reflexionar sobre la actuación de policía, mossos o guardias civiles, ¿qué hacen cuando las ven? O, ¿no las ven? En este caso, serán los únicos. ¿Por qué no vigilan cuando llega él o los que las dejan y los "agarran"? Porque a quienes tienen que coger y perseguir son a éstos, o a los jefes de éstos,  que son los que tienen el negocio. Ellas, o muchas de ellas, son sólo víctimas.

Y antes de dejar este desagradable tema,  quiero resaltar la indigna actuación de  la prensa española, especialmente los periódicos de gran tirada, que  destinan gran parte de sus espacios de anuncios a la publicidad de actividades relacionadas con la prostitución. Supongo que el criterio seguido será  "el  negocio es el negocio", o “la pela es la pela”.

 

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Este blog es el medio de expresar mis particulares reflexiones e ideas sobre la realidad que me rodea, así como las sugeridas por la lectura de libros y artículos de prensa. No es crítica literaria, no tengo conocimientos para ello. Expongo , tras muchos esfuerzos, lo que mi corazón me dicta. No es mi intención la de ofender ni herir a nadie. Tampoco, pues, me gustaría ser objeto de heridas u ofensas por discrepar con mis particulares opiniones y gustos.